miércoles, 21 de noviembre de 2018

LA ADOLESCENCIA


¡Buenas! Esta semana queremos hablar sobre un tema que seguro que muchos os habéis preguntado sobre él, ya sea porque tenéis algún hijo pasando por esta etapa o está a punto de entrar; así como muchos que la estarán viviendo. Estamos hablando de la adolescencia.

¿Qué es la adolescencia?

Es la etapa que comienza a los 11-12 años que produce cambios a nivel físico, psicológico y social y que termina, aproximadamente según las condiciones de vida actuales y situándonos en países desarrollados, al final de la segunda década de la vida. La adolescencia es una etapa de transición en la que el adolescente ya no es un niño pero tampoco se le considera adulto. Asimismo, es el momento en el que se descubre la propia identidad y se forma el autoconcepto y la autoestima que serán elementos clave para un desarrollo óptimo.
Debemos también tener en cuenta en qué fase de la adolescencia se encuentra nuestro hijo o nuestra hija para poder saber cuáles van a ser sus principales cambios, tanto a nivel físico como a nivel psicológico y social. La adolescencia podemos dividirla en las siguientes fases:

Pre-adolescencia

Esta etapa va desde los 8 a los 11 años, siendo la etapa de transición de la infancia a la adolescencia coincidiendo con el inicio de la pubertad o los cambios físicos que se producen en la adolescencia.
Al coincidir con la pubertad, en esta fase se dan notables cambios físicos que afectan a muchas partes del cuerpo apareciendo alguna descoordinación o sensación de torpeza.
En cuanto a los cambios psicológicos, observaremos un gran progreso en la capacidad de pensar de forma abstracta pudiendo pensar y reflexionar sobre situaciones hipotéticas, no logrando alcanzar del todo este tipo de pensamiento hasta la siguiente fase. Además, podremos observar que nuestros hijos intentarán encajar en los roles de género y no desentonar en la apariencia y los comportamientos diferenciados del hombre y la mujer.

Adolescencia temprana

Esta etapa transcurre entre los 11 y los 15 años y es cuando se producen los principales cambios hormonales y se cambia más el cuerpo. Observaremos que se desarrolla la musculatura y comienzan a tener una apariencia mucho más adulta. Asimismo, en muchos casos, comienza a aparecer el acné en el rostro.
En esta edad se produce una especie de “crisis interna” y comienza a ser muy importante el grupo de amigos, además de buscar su sitio fuera de la familia, formando su propia identidad, así como su autoconcepto y su autoestima. Por este motivo, tiende a valorarse mucho la opinión que los demás tienen de uno mismo, construyendo muchas veces su autoestima a través de esas opiniones.

Adolescencia tardía

Esta es la tercera y última de las etapas de la adolescencia, y ocurre aproximadamente entre los 15 y los 19 años.
En esta etapa ocurren menos cambios físicos que en las anteriores aunque, los cambios que ya han ocurrido en el cuerpo, van a provocar un impacto en nuestros hijos que puede influir en su proceso de maduración.
En esta etapa, empezarán a tener para los adolescentes un papel más importante los planes a largo plazo y comenzarán a tomar decisiones respecto a su futuro. La imagen corporal empieza a dejar de ser uno de sus principales pilares de la propia identidad, interesándose por temas sociales como la política.

Como podemos ver en este breve recorrido por las diferentes fases de la adolescencia, es un periodo difícil en el que los niños comienzan un proceso de autoconocimiento y de maduración que debemos acompañar y ayudarles en lo que necesiten. Es por esto que desde el Gabinete de psicología y logopedia de Ces Educa, creemos que es importante conocer y entender cuáles son las fases por las que ya está pasando o está a punto de empezar a pasar nuestro hijo para poder ayudarle lo mejor posible.

¿Cómo puedo entender y tratar a mi hijo o hija adolescente?

La adolescencia, como hemos visto, es una época de muchos cambios, y además, podemos encontrar comportamientos de rebeldía que, muchas veces, como padres no sabemos cómo gestionar. Esto es debido a que el intento como padres de control puede provocar situaciones de conflicto muy intensas porque nuestro hijo o hija adolescente nos está empezando a pedir independencia y vivir la vida a su manera.
Para poder comprender a un adolescente debemos intentar recordar cómo éramos nosotros a su edad, intentar ponernos en su piel y recordar esa necesidad de independencia, de querer experimentar y de búsqueda de identidad. Por otro lado, una parte difícil de ser padres, es dejar que nuestros hijos cometan sus propios errores, pero es importante que puedan aprender por ellos mismos, de su propia experiencia, aunque se estén equivocando (siempre que no haya un gran riesgo para él).
También es muy importante saber comunicarnos con ellos sin adoptar una posición de superioridad y dominación sobre tus hijos. Para que nuestros hijos e hijas puedan encontrar en nosotros un apoyo con el que contar cuando lo necesiten, debe fluir la comunicación y tienen que sentirse respetados y queridos.

Y hasta aquí el post de esta semana. Esperamos que os haya resultado interesante y útil para poder entender la etapa por la que están pasando vuestros hijos. Para ellos tampoco es fácil y muchas veces solo necesitan sentirse escuchados y saber que tienen a alguien ahí si lo necesitan. Para cualquier consulta podéis venir a visitarnos a Paseo Federico Melchor 3, Gabinete de psicología y logopedia de Ces Educa, en Getafe.

¡Buena semana!
Laura Alonso Rodríguez
Psicóloga colegiada M-28753

miércoles, 14 de noviembre de 2018

CUADERNOS DE LOGOPEDIA: CUANDO A LOS NIÑOS Y NIÑAS NO SE LES ENTIENDE CUANDO HABLAN…”NO DICE LA /r/ ¿cuándo la dirá?”


Como todas las semanas, estamos de nuevo por aquí para seguir conociendo peculiaridades y usos de nuestro servicio de Logopedia en nuestro gabinete de Psicología y Logopedia CES EDUCA.

Hoy vamos a abordar el tema de las dislalias. El/la niño/a con dislalia omite ciertos sonidos, o los sustituye por otros de forma incorrecta; por ejemplo, dice “apo” o “tapo”, en lugar de sapo. Con frecuencia, es capaz de pronunciar correctamente las sílabas por separado /sa/ pero, al unir los fonemas, comete errores. Esto hace que su lenguaje pueda resultar en ocasiones ininteligible.
Vamos a ver cuáles son los diferentes tipos de dislalias:

Dislalias fisiológicas: son debidas a la inmadurez de los órganos del habla cuando los niños y niñas todavía son pequeños, por lo que todos pasan por una fase de dislexia, que debe preocupar a los padres si continúa después de los 4 años de edad, porque entonces podría estar motivada por causas orgánicas.
Dislalias audiógenas: están asociadas a un defecto en la audición que impide al niño/a adquirir la facultad de expresarse con normalidad (si su percepción auditiva es defectuosa, también lo será su pronunciación), y dificulta su aprendizaje en la escuela.
Dislalias funcionales: se trata de un defecto de la articulación del lenguaje originado por un funcionamiento anormal de los órganos periféricos del habla. Los fonemas que se omiten, sustituyen o deforman con mayor frecuencia son: /r/, /s/, /z/, /l/,/k/ y /ch/. Este tipo de dislalia es el más común, y los afectados no tienen ningún defecto orgánico que la provoque. Entre otras causas, las dislalias funcionales pueden ser debidas a una educación insuficiente o un entorno familiar o social poco favorable para el niño (bajo nivel cultural y económico, desinterés de los padres...). Aunque en ocasiones este tipo de dislalia desparece espontáneamente cuando el niño crece, es preciso intervenir para corregirla si persiste después de los cuatro años, para evitar las posibles consecuencias negativas que podría tener sobre el desarrollo cognitivo y las relaciones sociales del menor.
Dislalias orgánicas: también conocidas como disglosias, se dice que son orgánicas cuando los fallos en la pronunciación están asociados a ciertos defectos de los órganos que intervienen en el habla. Se clasifican en función de la zona defectuosa: labiales, linguales, dentales, palatinas, nasales y mandibulares.

¿Cuáles son los factores de riesgo? Hay algunos factores que pueden predisponer a que un niño o niña padezca un trastorno de este tipo. Así, los pequeños que son más tímidos o despistados, los que están desmotivados o excesivamente estimulados (demasiadas actividades extraescolares), aquellos que en el seno familiar están aquejados de falta de cariño o viven situaciones conflictivas con frecuencia, incluso los niños agresivos tienen más posibilidades de tener dislalia
.
¿Cómo podemos ayudar a tu hijo/a con dislalia? Lo mejor es la prevención con la intervención precoz en nuestro gabinete con nuestro servicio de Logopedia. Aunque el pronóstico depende del tipo de trastorno y su causa, normalmente el habla puede mejorar con una terapia adecuada. Esta se suele basar en la realización de ejercicios para perfeccionar la musculatura utilizada en la producción de sonidos. Así, se intenta que mejoren la articulación de las palabras, la utilización de la respiración, el ritmo en la pronunciación, la expresión...Normalmente, se le plantean al niño en forma de juegos, para que le sea más sencillo y ameno adquirir estas nuevas habilidades. Para que la terapia sea eficaz es importante que los padres se impliquen y ayuden al niño o niña también en su propio hogar. Si tu hijo/a tiene un habla ininteligible o no pronuncia algún fonema en particular, no dudes en consultarnos y te asesoraremos para ayudarle a desarrollar correctamente su habla.

¡¡¡ FELIZ SEMANA PARA TOD@S!!!!

Beatriz Ruiz Hernández.
Logopeda
Col. 28/1047

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Ser padre y madre…y las nuevas tecnologías. PARTE I


¡Buenos días! Un miércoles más aquí estamos para conocernos un poquito más. Este miércoles nos gustaría empezar a introducir un tema, desde nuestro parecer, muy interesante y controvertido, ser padre y madre por un lado y por otro ser padre y madre hoy en día con las nuevas tecnologías…Se trata de un tema bastante amplio, así que iremos haciendo diferentes post en relación…

No es fácil ser padre o madre…o al menos ser el padre o madre perfecto que creías que serías…rompamos con ese mito. Tu hijo no necesita nadie perfecto te necesita a ti…necesita que comprendas sus miedos, sus inquietudes, sus alegrías o frustraciones…. Nuestros hijos aprenden de nosotros y nosotros de ellos. 

Si hubiera una encuesta de los valores más importantes que queréis que vuestros hijos tengan como legado probablemente los más votados serían que sean capaces de conseguir lo que quieran en la vida, sean autónomos, y que sean felices….¡Vaya responsabilidad la nuestra!

Nuestros hijos son “expertos en sentir”, como cualquier ser humano necesitan expresarse, poner nombre a sus emociones. Es importante escucharlos y acompañarlos “mamá y papá me entienden”. Las emociones una vez más, fundamentales en la vida de cada uno de nosotros…y os preguntaréis ¿Qué relación tiene todo esto con las nuevas tecnologías? Bien, no hace falta mirar muy lejos para ver a “cualquier niño” con una Tablet o un móvil…muchos pensaréis que se trata de la época actual, que han de estar al día, adaptarse…Pero, si reflexionamos ¿Cuándo cogemos el móvil o Tablet los adultos? Una de las respuestas podría ser cuando estamos aburridos, tristes o no queremos pensar en el día  “tan duro” que hemos tenido así con dichos “instrumentos” desconectamos “un poco”… ¿Te resulta familiar? Y ¿por qué en los niños iban a ser diferentes? ¿Por qué no iban a “evitar” esas emociones  o “refugiarse” del mismo modo?

Los niños necesitan moverse, estimular sus habilidades motrices, intelectuales, sus relaciones sociales y somos los adultos los responsables de ofrecerles diferentes alternativas. Hagamos que la Tablet sea una opción entre muchas otras, que no haga de “cuidador” mientras nosotros estamos ocupados.

Claro que nuestros hijos han de adaptarse a los nuevos tiempos, a las nuevas tecnologías, pero no como refugio, sino como una opción de aprendizaje. Cuando las demás necesidades (sociales, motoras, intelectuales…) no están satisfechas es cuando aparece el mal uso. Y probablemente lo más difícil sea cómo acompañarlos, cómo saber qué necesita, cómo conectar con ellos…Si somos capaces de poner nombre a sus emociones y a las nuestras, cómo se sienten y cómo nos sentimos y de estimular sus necesidades (no tan diferentes a las nuestras) estamos recorriendo el camino.

“No hay separación de mente y emociones; 
las emociones, pensamientos y aprendizajes están relacionados”
Eric Jensen
Ana Madueño
Psicóloga

miércoles, 31 de octubre de 2018

INTELIGENCIA EMOCIONAL: ¿Cómo puedo gestionar mis emociones?


Una vez más estamos por aquí un miércoles y esta vez para explicar, acorde al post de hace unas semanas sobre la ansiedad y rescatando el post que nuestra compañera Ana Madueño publicó hace unos años, qué son las emociones y cuáles son las emociones básicas para después adentrarnos en un concepto que seguro que muchos ya conocéis o habréis oído hablar: la inteligencia emocional.

Entonces, ¿qué se entiende por emoción?, ¿cuál es la diferencia principal entre emoción y sentimiento? Bien pues, llamamos emoción a esa respuesta del cuerpo automática ante algo que se nos presenta o una situación, por ejemplo cuando vemos una araña y sentimos miedo o asco. Por otro lado, los sentimientos son similares a las emociones, son una respuesta automática ante una situación pero que incluyen la evaluación consciente que hacemos de esa experiencia; es decir, incluye la capacidad de pensar y reflexionar conscientemente sobre lo que se siente siendo ambos inseparables: donde haya una emoción, encontraremos siempre un sentimiento (o varios).

Las emociones las podemos clasificar en: emociones básicas o primarias y emociones secundarias. Las primeras son esas emociones que tenemos de manera innata todas las personas vivamos donde vivamos y sean cuales sean las experiencias que hemos vivido, mientras que las secundarias van a depender de ese ambiente en el que nos hemos desarrollado y hemos crecido, del aprendizaje y de la cultura de las personas como son la vergüenza, la envidia, el orgullo, la satisfacción, entre otras.
Asimismo, las emociones las clasificamos en positivas y en negativas, pensando en si son emociones agradables o desagradables de sentir. Esto no significa que las emociones sean buenas o malas ya que, como mencionamos en el post sobre ansiedad, toda emoción tiene su función y nos ayudan a adaptarnos a nuestro entorno siendo como una alarma que nos señala lo que debemos evitar o sobre lo que debemos reflexionar y a lo que debemos acercarnos. Teniendo esto claro, ¿para qué puede servir la tristeza?, ¿y la ira?

Popularmente, y según las investigaciones de Paul Ekman (1972), las emociones básicas comunes en todas las personas son:
-       Alegría: nos ayuda a tener un estado de ánimo positivo para crear y mantener relaciones con los demás.
-       Tristeza: gracias a la función social que tienen las emociones, la tristeza permite que la gente de nuestro alrededor sepa que estamos tristes para así que puedan venir a ayudarnos y consolarnos. Además, estar tristes nos permite reflexionar sobre la pérdida que hayamos tenido y la situación, pudiendo recolocar en nuestra cabeza los acontecimientos y seguir adelante.
-       Ira: la emoción de ira nos otorga la energía necesaria para defender nuestros derechos ante una situación injusta. Por ejemplo, si nos han puesto menos nota en un examen o nuestro jefe nos dice algo que nos parece que está equivocado, es la emoción de ira o enfado la que nos va a permitir reclamar lo que es nuestro. Asimismo, en caso de necesitar atacar porque nuestra vida o integridad se vea amenazada, también nos dará esa energía o activación que necesitamos para ello.

-       Miedo: nos moviliza ante un peligro para nuestra supervivencia.
-       Asco: esta emoción nos produce rechazo hacia lo que tenemos delante, ayudándonos por ejemplo ante estímulos dañinos para nuestra salud.
-       Sorpresa: nos orienta hacia una nueva situación.

Es por esto que debemos saber y tener en cuenta que las emociones nos permiten flexibilizar nuestra interpretación de la situación y los acontecimientos, así como elegir la elección más adecuada en cada momento, siendo muy importante la identificación, comprensión y regulación de las emociones para una mejor toma de decisiones.

Y bien, ¿qué es entonces la inteligencia emocional? Históricamente se le ha dado mucha importancia a la inteligencia y al cociente intelectual, dejando aparte y considerando a las emociones como una señal de debilidad. Actualmente se sabe que somos más eficaces en la toma de decisiones si tenemos en cuenta las emociones que nos hace sentir esa situación o decisión y, tal como dijo Daniel Goleman (1995) en su famoso libro Inteligencia Emocional, el cociente emocional es igual de importante que el cociente intelectual para un mayor éxito en la vida.
Salovey y Mayer (1990) definieron la Inteligencia Emocional como: “La habilidad para controlar las emociones y sentimientos propios y de los otros, discriminar entre ellos y usar esa información para guiar el pensamiento y las acciones.” Según estos autores, la inteligencia emocional está formada por estas cuatro capacidades o ramas:
-       Percepción emocional: habilidad para percibir las emociones tanto en nosotros mismos como en los demás.
-       Facilitación emocional: teniendo en cuenta que las emociones dirigen nuestros pensamientos hacia la información relevante, es la habilidad de utilizar nuestros estados emocionales para que nos ayuden en la toma de decisiones de manera adecuada, además de conocer qué estado emocional nos va a facilitar el abordaje de los problemas; por ejemplo cuando la alegría nos facilita la creatividad.
-       Comprensión emocional: habilidad para etiquetar las emociones y reconocer las relaciones entre ellas; de comprender sentimientos simultáneos tanto en nosotros mismos como en los demás.
-       Regulación emocional: habilidad de estar abierto a los sentimientos, tanto placenteros como displacenteros, así como la habilidad de gestionar las emociones propias y ajenas moderando las emociones negativas y aumentando las positivas sin reprimir o exagerar la información que aportan.
Estas habilidades son entrenables y podremos aprender a gestionar nuestras emociones. Debemos tener en cuenta que las emociones surgen de nuestros pensamientos, aunque cuenten con una situación externa, por lo que es posible tener algo de control sobre ellas. ¿Cómo podemos tener una mejor gestión de nuestras emociones? Modificando nuestros pensamientos que las generan como “todo me sale mal” por otros más constructivos y realistas.
Aquí os proponemos algunas directrices para gestionar esas emociones que nos generan malestar:
-       No quedarse anclado en lo negativo, abrir el foco de atención a otros acontecimientos más positivos y, si no es suficiente, cambiar nuestro foco de atención haciendo otra cosa.

Aceptar todas las emociones, tanto las negativas como las positivas. Tal y como hemos explicado, todas las emociones sirven para algo y son una alarma que nos dicen que algo
-       está pasando, debemos pararnos a escuchar qué nos quieren decir y no reprimirlas, ya que después volverán y puede que con más fuerza.
-       Evitar lenguaje catastrofista e imperativos tales como: “Todo me sale mal”, “Debería de haber estudiado más y sacar un 10”. En lugar de eso nos podemos decir “Esta vez no me ha salido”, “Para el próximo examen me pondré a estudiar antes, yo puedo conseguir mejor nota”.
-       No anticipar las consecuencias negativas de lo que nos pasa, si después no son tan malas o directamente no ocurren, has estado pasando un mal rato hasta ese momento sin ninguna necesidad.

Si notas que esas emociones y pensamientos te desbordan y no sabes cómo gestionarlo, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. ¡Estaremos encantados de poder ayudarte!
¡HASTA LA PRÓXIMA!
Laura Alonso Rodríguez
Psicóloga colegiada M-28753

Referencias.
Salovey, P., y Mayer, J.D. (1990). Inteligencia Emocional. Imaginación cognición y personalidad, 9, 185-211.
Goleman D. (1995) Inteligencia Emocional. Ed. Kairos.
Psicología y Mente. Diferencias entre las emociones y los sentimientos. Recuperado de: https://psicologiaymente.com/psicologia/diferencias-emociones-sentimientos 

miércoles, 24 de octubre de 2018

CUADERNOS DE LOGOPEDIA: ¿QUÉ ES UNA DISFONÍA? ¿QUÉ HACER CUANDO MI VOZ SE AGOTA?


La voz constituye nuestro vehículo de comunicación con el mundo. A través de ella nos comunicamos, expresamos y transmitimos ideas, sentimientos, emociones y conocimientos. La voz es un acto voluntario y como tal el pensamiento debe seguirlo y controlar su emisión. El sonido generador de la voz se origina por la vibración de las cuerdas vocales, situadas en la laringe. Las cuerdas vocales no son como lo que nos viene a la mente: “unas cuerdas de guitarra”, no, son dos membranas que cuando están abiertas dejan pasar el aire procedente de los pulmones para respirar y cuando se cierran vibran y producen la voz.
Para evitar tener alguna patología en nuestra voz, debemos controlar la respiración, el tono y el volumen a la hora de hablar y cuando falta dicho control o está ausente, se produce una alteración o trastorno en nuestra voz, lo que los logopedas conocemos con el nombre de DISFONÍA. La disfonía es la pérdida del timbre normal de la voz por trastorno funcional u orgánico de la laringe. La AFONÍA es la alteración máxima de la disfonía, lo que denominamos la pérdida total de la voz.
Determinar cómo y en qué grado es patológica una voz no siempre es fácil. Las circunstancias afectivas, emocionales, los factores culturales y estéticos, la edad, el sexo, las exigencias y la autovaloración de la propia voz…son factores que influyen directamente en la estimación de la patología vocal. La hiperfunción vocal (cuando forzamos de manera inadecuada la voz)  es origen de patologías como los nódulos de cuerdas vocales, los pólipos o el edema de cuerda vocal.
Es necesario realizar una exploración física de la laringe en toda disfonía recidivante o que se prolongue más allá de 15 días, sobre todo si existe hábito tabáquico. Puede mostrar la existencia de una tumoración de cuerda vocal. Una forma de disfonía fisiológica es el cambio de voz que se produce en el varón adolescente, que aparece entre los 15 y 18 años.
Los problemas en los niños suelen ser debidos a malformaciones congénitas, como las membranas laríngeas, angiomas o alguna otra alteración más infrecuente. En edades más avanzadas, pueden aparecer papilomas laríngeos, originados por una infección viral. Cuando el niño ya habla, pueden empezar a presentarse alteraciones relacionadas, en la mayoría de los casos, por hiperfunción vocal. En el adulto, la mayoría de las disfonías son causadas por hiperfunción vocal. También puede originarse la disfonía en un trastorno neurológico de la laringe, como puede ser en la disfonía espástica, que se caracteriza por espasmos de la voz que impiden el flujo vocal regular, en el Parkinson o la miastenia gravis, entre otras.

¿Cuáles son los signos y síntomas de que tenemos una alteración en la voz?
Los signos en las disfonías pueden manifestarse de forma aislada o combinados entre sí y es frecuente que coincidan los síntomas con los signos presentes.
Los síntomas referidos más frecuentes son: ronquera, voz monótona, voz temblorosa, episodios de afonía, variaciones en la intensidad, frecuente pérdida de los agudos o sensación de falta de aire al fonar.
Además, el paciente con disfonía suele referir o presentar los siguientes síntomas no fonatorios: tos, picazón, uso del carraspeo para aclarar la voz, sensación de cuerpo extraño al tragar y dolor leve o moderado de garganta al hablar.
La mayoría de las disfonías pueden ser tratadas con reposo de la voz y la modificación de malos hábitos en el uso vocal. El tratamiento de la disfonía originada por procesos infecciosos únicamente requiere reposo de voz y, en ocasiones, antiinflamatorios. El tratamiento de los nódulos y el edema de cuerdas vocales consiste en llevar a cabo rehabilitación logopédica y, en caso de persistir, completar ésta con la extirpación microquirúrgica. En el caso del pólipo de cuerda vocal, el tratamiento fundamental es la exéresis quirúrgica y posterior rehabilitación logopédica.
Si tenéis alguno de estos signos o síntomas, desde nuestro Centro os podemos ayudar con la rehabilitación logopédica que llevamos a cabo. También para consultas o dudas estamos a vuestra disposición.
Es muy importante nuestra labor preventiva y tomar medidas antes de ocasionarnos una patología en nuestra voz, os dejamos unos consejos muy útiles para cuidar la voz (higiene vocal):
* Beber entre seis y ochos vasos de agua al día. Mantener un buen estado de hidratación asegura una óptima lubricación de las cuerdas vocales. Por ello se recomienda reducir el consumo de aquellas sustancias que producen deshidratación, como las bebidas alcohólicas o las que contienen cafeína.
* No fumar. El tabaco produce cáncer de pulmón y garganta, en particular, y en muchos otros órganos. En concreto, da lugar a cambios permanentes en el tono de la voz, su naturaleza y su capacidad.
* No abusar o hacer mal uso de la voz. La voz no es indestructible, por lo que hay que intentar no gritar ni elevar la voz mucho cuando se está en ambientes ruidosos. Si notamos que nuestra garganta se reseca mucho o que la voz se está volviendo ronca, debemos dejar de hablar.
* No aclararse la garganta a menudo. Si carraspea con frecuencia, se recomienda acudir al logopeda, puesto que puede estar causado por reflujo, enfermedades alérgicas y/o de los senos paranasales.
* Dormir lo suficiente. La voz es muy sensible a la falta de sueño. Dormir menos de seis horas produce predisposición a padecer lesiones vocales.

Beatriz Ruiz Hernández
Logopeda
Nº Col. 28/1047.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Junto a ellos


¡Buenos días!
Un miércoles más aquí estamos para leernos y “conocernos”. ..Hoy nos gustaría hablar de un tema que seguro que todos y todas conocemos o, al menos, nos resulta familiar. Nos gustaría ponernos en el lugar de esas personas (niños, niñas, adolescentes…) que presentan una actividad motriz excesiva, es decir, a aquellos que necesitan moverse con frecuencia, a aquellos a los que les cuesta concentrarse o atender…

¿Por qué nos resulta difícil comprender que no pueda parar, que le moleste un ruido…? ¿Somos nosotros los que no podemos entender, ni sabemos cómo gestionarlo? ¿Por qué los responsabilizamos a ellos? Tristeza, rabia, preocupación, frustración…son algunas de las emociones más experimentadas en los padres en estos momentos…. ¿Qué puedo hacer con mi hijo?

Cuando comenzamos a entender las dificultades de nuestros hijos “algo cambia”, cuando comenzamos a entender sus emociones, cómo se sienten o por qué se sienten así…es cuando comenzamos a acompañarles en ese recorrido. Una persona con dificultades (niño, adulto…) no tiene emociones diferentes, es decir, también se sienten tristes, enfadados, frustrados…Por ello, es fundamental, trabajar junto a ellos, siendo imprescindible manejar dichas emociones en la vida cotidiana. Cómo me siento, por qué me siento así…las emociones no deben suponer un obstáculo para el desarrollo de nuestros hijos.

No todos tenemos el mismo carácter, no experimentamos una situación con la misma ansiedad, no nos asustamos ante lo mismo o enfadamos por la misma razón…Entonces ¿por qué “exigimos” a nuestros hijos que mantengan el mismo ritmo? A veces, aquel que tiene dificultades para concentrarse, aquel que presenta una actividad motriz excesiva necesita aprender diferentes recursos o estrategias, saber cómo se siente o por qué se siente de dicha manera y es por ello que vosotros, podéis ayudarlo enseñándole a manejar dichas emociones. Las emociones han de ser expresadas, no desaparecen por arte de magia y, por supuesto, no debemos reprimirlas.

Debemos trabajar su seguridad, su autoestima y tener en cuenta que siguen siendo niños o adolescentes, tal y como decíamos antes, cada uno tiene sus necesidades y su ritmo, por ello no juzguemos…no etiquetemos…y tengamos en cuenta sus necesidades, tengamos en cuenta que es difícil rendir si sus necesidades motrices no han sido satisfechas…como cualquiera de nosotros cuando no estamos bien con nosotros mismos…o ¿alguien da lo mejor de sí mismo cuando experimenta malestar?

No dudéis en consultar con alguien que os pueda orientar, resolver cuestiones o dudas y trabajar con vosotros en este recorrido.

Feliz semana
Ana Madueño
Psicóloga

“Tal vez en lugar de crecer, necesitamos empequeñecernos para mirar aquello que llamamos realidad con los ojos de un niño”
Liz Greene

miércoles, 10 de octubre de 2018

Tengo ansiedad, ¿qué puedo hacer?


Otro miércoles más tenemos entrada nueva en el blog y esta vez es sobre un tema que a todos en mayor o menor medida nos ha afectado en algún momento de nuestra vida: la ansiedad.

¿Qué es la ansiedad?
Entendemos como ansiedad la respuesta mental y física que se produce ante situaciones de peligro. Es una respuesta normal que experimentamos todos ante diferentes situaciones que percibimos o interpretamos como amenazantes tales como una entrevista de trabajo, un examen, hablar en público, antes de una cita importante, etc. Esta emoción puede proporcionarnos una ayuda extra para escapar de esa situación amenazante o darnos una mayor energía para conseguir lo que queremos.
Como podemos observar, entendiéndola así, la ansiedad no es una emoción negativa en sí misma ya que va a depender siempre de tres parámetros muy importantes que son: la intensidad, la frecuencia, y la duración con que sentimos las emociones.

¿Cuáles son los efectos que tiene la ansiedad que debemos conocer?
La ansiedad nos va a afectar en: lo que pensamos (sistema cognitivo), lo que hacemos (sistema motor) y lo que sentimos (sistema fisiológico).

·         Lo que pensamos:
Cuando no somos capaces de controlar la ansiedad tenemos pensamientos como “No voy a ser capaz”, “Esto es horrible”, “No podré soportarlo”, “Me va a dar un ataque al corazón”, “Debo de estar volviéndome loco”. Notamos cómo estos pensamientos pasan por nuestra mente de forma automática, casi como un flash, cuando estamos ansiosos.
Lo que debemos tener en cuenta con estos pensamientos automáticos negativos es que normalmente son irracionales y poco realistas; además de situaciones que en mayor o menor medida seremos capaces de manejar pero que nuestra mente nos está advirtiendo de un peligro mucho mayor del que en realidad tenemos que afrontar.
Saber identificar, cuestionar y modificar este tipo de pensamientos puede ayudarnos a manejar la ansiedad.

·         Lo que hacemos:
Cuando existe una situación que nos genera una ansiedad lo suficientemente intensa puede ocurrir que tendamos a evitar. Podemos así no presentarnos a un examen, no salir solo de casa ni hablar con gente desconocida, entre otras diversas situaciones que podemos intentar evitar si nos generan ansiedad. Esto se hace porque pensamos que no va a salir bien, que vamos a hacer el ridículo o que va a tener consecuencias negativas que no podremos controlar; interpretándolo como una amenaza.
En el momento de evitar la situación nos sentimos mejor ya que experimentamos un alivio inmediato de esa ansiedad que estábamos sintiendo al anticipar esa situación que nos produce malestar. Sin embargo, a largo plazo la evitación siempre empeora el problema ya que se produce una asociación directa de la ansiedad con aquello que evitamos, haciéndose la pelota mucho más grande y siendo cada vez más difícil de afrontar.
Por otro lado, tener ansiedad también nos generará otro tipo de comportamientos tales como tics nerviosos haciéndonos por ejemplo mover la pierna o el boli en la mesa muy deprisa, aumentar el consumo de tabaco, puede hacer que aumente nuestra ansia por comer o todo lo contrario, que nos cierre el estómago y no nos entre bocado; entre otros. Darse cuenta de estas conductas puede hacernos sentir aún más ansiosos.
·         Lo que sentimos:
Existen muchos síntomas físicos de ansiedad            que surgen como una forma de preparar al cuerpo para afrontar una supuesta amenaza. Estos síntomas son muy desagradables y, muchas veces, aparecen sin una razón aparente pudiendo llegar a  pensar que padecemos algún problema físico grave, pero la verdad es que estos síntomas no son peligrosos.
Como principales síntomas físicos que podemos experimentar cuando sentimos ansiedad son: tensión muscular, opresión en el pecho pudiendo llegar a sentir que nos falta el aire o hiperventilar, estómago revuelto y malestar, dolor de cabeza, visión borrosa, sequedad de boca, palpitaciones, sudor en las manos, entre otros.

Desde el Gabinete de psicología y logopedia de CES EDUCA queremos informaros cada semana de temas que os resulten de interés y que os puedan ser útiles en vuestro día a día. Como ya hemos dicho anteriormente, creemos que la ansiedad es una emoción que a todos nos ha afectado en algún momento y que es importante saber identificarla y tener herramientas para gestionarla.

Por esto, si os habéis sentido identificados con este post y habéis sentido o sentís que en algunos momentos estáis desbordados, la ansiedad os puede y no sabéis cómo gestionarla desde el Gabinete vamos a impartir un programa de intervención grupal de Gestión de Ansiedad para adultos en el que trabajaremos directamente esta emoción y os dotaremos de esas estrategias necesarias para el manejo de la misma.
¡FELIZ SEMANA!
Laura Alonso Rodríguez
Psicóloga colegiada M-28753
Referencias:
García Herrera J.M y Nogueras Morillas E.V. (2013). Guías de autoayuda. Comprendiendo la ansiedad. Servicio Andaluz de Salud. Conserjería de Salud y Bienestar Social. Junta de Andalucía.